San Ignacio: ballenas y pinturas en la sierra
Una noche en Loreto, una en San Ignacio, dos en la sierra, dos en la laguna y una en Loreto.
El desierto por dentro.
San Ignacio es un oasis con palmeras de dátil y una misión de piedra, en medio del desierto del Vizcaíno. Desde ahí, con un guía de la comunidad, se sube a la Sierra de San Francisco y se baja en mula a los cañones, donde hay cuevas con figuras humanas y animales pintados de varios metros de alto. Se duerme en campamento, en el fondo del cañón.
Después, el viaje baja a la laguna de San Ignacio, del lado del Pacífico. Es una de las lagunas donde las ballenas grises tienen a sus crías. Las salidas permiten observarlas desde pangas autorizadas, con encuentros que cambian cada día. Se duerme en un campamento junto al agua y se sale dos días seguidos.
Quién las pintó.
Nadie sabe bien quién hizo las pinturas de la sierra. Los cochimíes que encontraron los misioneros en el siglo XVIII decían que eran obra de gigantes. Las figuras miden hasta cuatro metros, en rojo y negro, y algunas tienen miles de años. Por eso la visita tiene reglas: registro ante el INAH en San Ignacio, guía de la comunidad y un número limitado de personas.
Las ballenas que se acercan.
En la laguna, las ballenas grises se acercan a las pangas por su cuenta, a veces con las crías, y sacan la cabeza junto a la lancha. Las salidas son cortas y con pocas pangas a la vez.
Lo práctico
- En la sierra
- La visita requiere registro y guía local. La ruta de varios días combina mula, caminata y campamento; antes de reservar se confirman permisos, esfuerzo físico, equipo y condiciones de acceso.
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