El vino se toma donde se hace.
Mendoza es un desierto. Los viñedos existen porque el agua de la nieve de los Andes baja por canales que se trazaron hace siglos, y por eso cada hilera de vides tiene la cordillera de fondo. Visitar bodegas desde un hotel de la ciudad es pasar el día en la camioneta. Dormir dentro de una bodega es otra cosa. Se despierta entre los viñedos, se camina entre las vides antes del desayuno y la comida se hace ahí mismo, sin manejar después.
Comer sin ver el reloj.
En las bodegas de Mendoza la comida del mediodía dura varias horas, con un plato y un vino distintos en cada tiempo, y muchas veces carne a las brasas. El Valle de Uco está más alto y más lejos de la ciudad, con bodegas de arquitectura moderna frente a la cordillera. Elegimos las bodegas contigo, según si te interesa más el vino, la cocina o el paisaje, y dejamos tardes libres para no hacer nada.
La vendimia.
La cosecha se reparte entre finales del verano y el otoño, y Mendoza celebra su Fiesta de la Vendimia a principios de marzo. Las bodegas están en su momento de más trabajo, y en algunas se puede participar en la cosecha. Los hoteles se llenan con meses de anticipación.
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