La península de Osa
Seis noches en la parte del país donde la selva todavía manda.
Donde llega poca gente.
La península de Osa queda lejos de todo. Al final de la carretera, en bahía Drake, se sigue en lancha, y la selva de Corcovado baja hasta la playa. Es uno de los lugares con más vida salvaje del continente, y por eso se cuida. Solo se entra con guía certificado, con cupo diario, con recorridos que se eligen según el sector y la temporada.
Antes, dos noches en Uvita, donde en temporada las ballenas jorobadas pasan frente a la costa con sus crías.
Dos temporadas de ballenas.
Las ballenas jorobadas llegan a Uvita dos veces al año, unas desde el sur y otras desde el norte, a tener a sus crías en agua tibia. Se sale en lancha temprano, y el capitán apaga el motor cuando aparece el primer chorro de agua. En marea baja, frente al parque, una barra de arena sale del mar con la forma de la cola de una ballena.
Lo que el guía oye primero.
En Corcovado el guía camina despacio y se detiene antes que tú, porque oyó algo. Un grupo de monos araña en las copas, un tapir dormido junto al río, una pareja de lapas rojas que cruza gritando. En unas horas pueden aparecer las cuatro especies de monos del país, y el sendero termina junto al mar.
Lo práctico
- Corcovado
- La visita se reserva con guía autorizado y cupo para el sector elegido. Sirena cierra habitualmente en octubre; la propuesta se ajusta a los accesos disponibles y a las condiciones del mar.
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