Surf en la península de Nicoya
Seis noches para aprender a surfear o volver a hacerlo, con cinco noches en la misma base de playa.
Un solo lugar.
Después de una noche en San José, el viaje se queda en la costa. Se cruza el golfo de Nicoya en ferry, con la península acercándose despacio, y se llega a Santa Teresa para cinco noches. Las clases se programan según el oleaje y las mareas, y el resto del día se va entre la playa, la hamaca y alguno de los restaurantes de la calle principal.
Para quien ya surfea, buscamos un instructor que lleve a otras playas cercanas según el día. Para quien empieza, varios días de práctica permiten avanzar a su propio ritmo.
Fuera del agua.
Montezuma está a media hora, y su cascada se alcanza caminando por el río, entre rocas. Cabo Blanco, la primera reserva natural del país, tiene un sendero por el bosque seco que termina en una playa casi vacía. Cabo Blanco pide una salida más larga; Montezuma ofrece otra manera de pasar parte del día fuera de Santa Teresa.
La hora del atardecer.
Al final de la tarde, el pueblo entero baja a la playa. Los surfistas toman las últimas olas, los perros corren por la orilla y la gente se sienta en la arena a ver caer el sol detrás del mar. Es el plan de todos los días, y no se repite.
Lo práctico
- El mar
- Las clases se eligen según el nivel y se programan con las mareas y el oleaje. Santa Teresa tiene corrientes; las zonas para surfear y para bañarse se valoran por separado. Cabo Blanco pide una salida propia, distinta a una tarde en Montezuma.
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