Dos islas, sin prisa.
El viaje empieza en Atenas, con la Acrópolis temprano, el museo al pie de la colina y las tardes en los barrios de Plaka y Koukaki. Después, un ferry de unas cuatro horas lleva a Naxos, la isla más grande de las Cícladas. Cuatro noches dan para una tarde en las playas del oeste y otra tierra adentro, en Halki y Apiranthos, pueblos de mármol entre olivares donde la isla vive de sus quesos y su kitron.
Paros queda a un trayecto corto de ferry, según el barco. Se duerme cerca de Naoussa, el puerto de pescadores, y una mañana se camina el sendero bizantino que baja de Lefkes, en el centro de la isla, hacia el mar. Desde Paros se vuela de regreso a Atenas en cuarenta minutos.
La isla que no vive del puerto.
Naxos tiene montañas que superan los mil metros, agua y tierra para cultivar, así que nunca dependió solo del mar. Por eso sus pueblos están en el interior, lejos de los piratas que llegaban por la costa. En Halki, una destilería de 1896 sigue haciendo kitron con hojas de cidro. En Apiranthos, las calles y las casas son de mármol de la isla.
El camino de piedra.
De Lefkes sale un camino empedrado del siglo X que baja entre muros de piedra y olivos hasta Prodromos, en una hora de paseo. Se camina por la mañana y se come en el pueblo.
Lo práctico
- El regreso
- Se elige la conexión desde Paros con margen antes del vuelo internacional. Si hace falta una última noche en Atenas, se redistribuyen las diez noches o se amplía el viaje.
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