El edificio fue la lonja de los comerciantes que negociaban con América, y desde finales del siglo XVIII guarda los documentos de ese mundo, entre ellos mapas, cartas y planos de ciudades de la Nueva España. En sus salas hay exposiciones que cambian a lo largo del año.
La ciudad aparece sobre una mesa blanca.
En lo alto de la Torre Tavira hay una sala a oscuras con una mesa blanca en el centro. Cuando se cierra la puerta, sobre la mesa aparece Cádiz en movimiento, proyectada por un espejo y una lente en el techo, con la ropa tendida en las azoteas, las gaviotas y la gente que cruza la calle de abajo.
Al salir a la terraza se ve lo mismo a tamaño real, y aparecen las otras torres. Hay más de cien sobre los tejados, y desde ellas los comerciantes vigilaban el mar para ver llegar sus barcos antes que nadie. Cádiz se volvió el principal puerto del comercio con América a finales del siglo XVII, y en 1717 recibió la Casa de Contratación, que lo controlaba.
El viaje empieza en Sevilla, donde se guardan los papeles de ese comercio, y sigue en Cádiz, una ciudad casi rodeada de mar, con una playa a unos pasos del centro y barrios donde el pescado frito se come en la calle.
El Archivo de Indias y el oratorio de las Cortes.
En esta iglesia se reunieron las Cortes que aprobaron la Constitución de 1812. Entre los diputados había novohispanos, como Miguel Ramos Arizpe, por Coahuila, y José Miguel Guridi y Alcocer, por Tlaxcala, y en la fachada hay placas de los países americanos que recuerdan a los suyos.
La maqueta de Cádiz y La Caleta.
Museo de las Cortes · Cádiz
La maqueta de madera que encargó Carlos III muestra la ciudad intramuros de finales del siglo XVIII, con sus murallas, sus baluartes y las casas de los comerciantes, muchas con su torre. Buena parte de ese trazado sigue igual, y en la maqueta se ve por qué Cádiz es tan apretada, una ciudad que creció hacia arriba porque el mar no la dejaba crecer hacia los lados.
La Caleta · Cádiz
La playa del casco antiguo queda entre dos castillos, con barcas de pescadores en la arena. Al final de la tarde la gente baja a nadar o a sentarse en el muro, y el sol se pone de frente, sobre el Atlántico.
Bajar a La Viña.
La Viña es el barrio de pescadores junto a La Caleta, y en la calle Virgen de la Palma las mesas ocupan la banqueta. Se pide pescado frito, chocos, que son tiras de sepia, cazón en adobo, un tiburón pequeño marinado con vinagre y especias, o puntillitas, calamares chiquitos que se comen enteros. Con una cerveza fría y las mesas pegadas, se termina platicando con los de al lado.
Es también el barrio del carnaval. Entre febrero y marzo, las chirigotas cantan en las esquinas coplas que se burlan de todo, empezando por la propia ciudad, y en las paredes de algunas tabernas siguen colgadas las fotos de las agrupaciones de otros años.
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