Ver un volcán desde otro.
El Acatenango está dormido. Su vecino, el volcán de Fuego, no: mantiene una actividad que cambia de intensidad. La subida al Acatenango sale por la mañana, sube unas cinco o seis horas por bosque de pino y llega a un campamento a unos 3,600 metros, frente al Fuego. De noche, cuando la visibilidad y la actividad acompañan, el resplandor del Fuego se ve contra el cielo.
Antes, tres noches en Antigua dejan tiempo para la ciudad antes de la caminata. Al amanecer se sube a la cumbre, se baja a mediodía y el viaje sigue al lago de Atitlán, para tres noches de descanso.
Lo que hace falta.
Es una caminata dura, más por la pendiente y la altura que por lo técnico. Se sube con guía, y los porteadores pueden cargar el equipo pesado. En la noche la temperatura baja de cero, así que la ropa importa. Antes de cada salida se revisa el estado de alerta del Fuego.
El amanecer a cuatro mil metros.
Desde la cumbre del Acatenango, al amanecer, se ven el volcán de Agua, el lago de Atitlán a lo lejos y, al lado, el Fuego echando su columna de humo.
Lo práctico
- El ascenso
- La salida depende de que el acceso esté autorizado por las autoridades locales y de la actividad volcánica. Se confirma guía, campamento habilitado y equipo para frío. Antigua no equivale a una aclimatación completa para dormir a unos 3,600 metros.
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