Dormir junto a la selva.
Dos noches dentro o junto al parque de Tikal dejan tiempo para las plazas, los caminos entre ceibas y los templos que sobresalen de los árboles. Entrar en la visita de amanecer permite oír cómo despierta la selva, aunque la niebla a veces oculte la vista desde arriba.
El viaje empieza con tres noches en Antigua. Después se vuela desde la capital a Flores y se sigue a Tikal. Las dos últimas noches son en Flores, la pequeña isla del lago Petén Itzá, con sus casas de colores y lanchas hacia las orillas. Desde ahí se vuela de vuelta a la capital.
Una ciudad bajo los árboles.
Tikal llegó a tener decenas de miles de habitantes. Cuando se abandonó, la selva la cubrió, y hoy la mayor parte sigue bajo los árboles. Lo que se ve son las plazas y los templos más altos, unidos por caminos de tierra entre ceibas. Se camina mucho, así que conviene un día entero, con una pausa al mediodía.
El amanecer sobre la selva.
El Templo IV es el más alto de Tikal. Desde su escalinata, al amanecer, se ve la selva cubierta de niebla y las cimas de los otros templos asomando por encima.
Lo práctico
- Amanecer en Tikal
- El acceso antes del horario regular requiere la modalidad de amanecer, además de la entrada al parque y un guía autorizado. Dormir junto al parque no incluye ese acceso.
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