Una semana, dos lugares.
El viaje empieza en Antigua, a una hora del aeropuerto. Tres noches dan para caminarla sin plan: las ruinas de los conventos, el mercado, los patios de las casas convertidos en cafés y el volcán de Agua al final de cada calle. Después, unas tres horas de carretera de montaña llevan al lago de Atitlán.
En el lago se pasan cuatro noches en un solo pueblo. Una mañana se cruza en lancha a San Juan La Laguna, a una cooperativa de mujeres que tiñen el hilo con plantas y tejen en telar de cintura. Otra se dedica a Santiago Atitlán, el pueblo tz'utujil más grande de la orilla. Y queda una tarde entera para volver temprano y quedarse junto al agua.
Panajachel o Santa Cruz.
Esa es la decisión que cambia el viaje. Panajachel es la puerta del lago: tiene carretera, tiendas y lanchas a todos los pueblos, así que los cruces son fáciles. Santa Cruz La Laguna, en cambio, casi no tiene carretera. Ahí la lancha es parte del día, se cena viendo el lago y se duerme cerca del agua. Te ayudamos a elegir según cómo quieres pasar esas cuatro noches.
El hilo y sus colores.
En las cooperativas de San Juan, las tejedoras explican de qué planta sale cada color: el añil para el azul, la corteza de árbol para el café, el pericón para el amarillo. Después se ve el telar en marcha.
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