De la mazorca a la jícara.
Tabasco es tierra de cacao. En las haciendas de la Chontalpa, a una hora de Villahermosa, los árboles crecen a la sombra de otros más altos, y las mazorcas salen directo del tronco, amarillas, rojas o moradas. La visita explica el proceso, de la fruta abierta con su pulpa blanca al grano que fermenta, se seca, se tuesta y se muele, hasta la jícara de chocolate al final.
Este viaje entra por Villahermosa, no por Tuxtla. Son tres noches para la ciudad y las haciendas, y dos en Palenque, a unas dos horas, para terminar en la selva. Si viajas en noviembre, buscamos que coincida con el Festival del Chocolate.
Una ciudad maya de ladrillo.
Muy cerca de las haciendas está Comalcalco, una ciudad maya conocida por sus edificios de ladrillo cocido, un material poco habitual en la arquitectura maya monumental. La cal para unirlos se hacía quemando conchas de ostión, y algunos ladrillos todavía guardan dibujos y huellas de quienes los hicieron. El mismo día cabe Cupilco, con su iglesia pintada de colores, y una comida de pejelagarto asado.
Las cabezas en la selva.
En el Parque Museo La Venta las cabezas olmecas no están en salas. El poeta Carlos Pellicer las trajo en los años cincuenta desde la zona arqueológica, y las colocó entre la vegetación, a la orilla de la laguna de las Ilusiones, como las habrían encontrado. Se recorre por un sendero, con la sombra de los árboles. A las afueras, el Yumká deja ver animales en áreas dedicadas a la selva, la sabana y la laguna, y funciona muy bien en familia.
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