Los pueblos a veinte minutos.
San Cristóbal es la ciudad, y alrededor, a veinte minutos o media hora, están los pueblos tsotsiles de Los Altos. Cada uno tiene su ropa, su fiesta y sus reglas, y lo que se ve cambia mucho según con quién llegas. Por eso vamos con un guía de la zona, que ayuda a entender lo que vemos y acuerda las visitas con quienes reciben viajeros.
El viaje se acomoda para que uno de los días sea domingo, cuando el mercado de Chamula llena la plaza. Los otros días quedan para Zinacantán, para la ciudad y para una tarde en el museo Na Bolom, la casa de una pareja que pasó su vida entre los lacandones.
Las flores que se bordan.
En Zinacantán muchas familias viven de las flores, que crecen en invernaderos en las laderas. Esas mismas flores aparecen bordadas en los chales y las faldas, y los colores cambian de un año a otro, como si el pueblo tuviera su propia moda. En algunas casas se puede ver el telar de cintura y comer una tortilla recién hecha, del comal, en la cocina de la familia.
Una iglesia sin bancas.
Desde afuera parece una iglesia como cualquier otra, blanca con la puerta pintada de verde. Dentro, las familias rezan sin las filas de bancas habituales. El piso está cubierto de juncia, hojas de pino, y las familias rezan sentadas en el suelo, entre filas de velas y botellas de refresco. Ahí no se toman fotos; la visita respeta la privacidad de quienes están rezando.
Cuéntanos tu viaje.
Dinos si te interesan los textiles, la comida o la historia de los pueblos. Con eso y tus fechas preparamos una propuesta inicial sin costo.
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