En 1953, John Steinbeck escribió que Positano muerde hondo, que es un lugar de sueño que no parece real mientras estás ahí y se vuelve real cuando te vas. Desde el barco se ve entero, con las casas bajando en escalera hasta la playa, y se entiende lo que quiso decir.
La carretera se queda arriba.
Desde el agua, la Costa Amalfitana se ve como no se ve desde ningún otro lado. Los pueblos cuelgan de la montaña, una casa encima de otra, y la carretera que los une se queda arriba, con su fila de autobuses esperando turno en cada curva. Abajo vas tú, en un gozzo de madera, con un capitán que conoce cada cala.
El día empieza sin prisa. Te detienes a nadar frente a una gruta, ves desde el mar el puente del Fiordo de Furore, donde una playa cabe entre dos paredes de roca, y a la hora de comer el barco se acerca a Nerano, donde nacieron los espaguetis con calabacita frita. Comes casi con los pies en el agua y sigues hacia Capri.
Llegar así cambia la isla. Pasas junto a los Faraglioni, las tres rocas que salen del mar, y si el mar lo permite el barco cruza por el arco del de en medio. Luego te quedas a dormir, que es lo que pocos hacen.
Positano y la Gruta Azul.
Se entra acostado en una barca de remos, por una boca de poco más de un metro de alto, mientras el barquero se jala de una cadena para cruzarla. Adentro el agua se ve de un azul encendido porque la luz entra por debajo, a través del mar. Con oleaje la cierran, y por eso el capitán decide en la mañana si ese es el día.
Dormir en Praiano y comer anchoas en Cetara.
Praiano
Entre Positano y Amalfi, Praiano tiene la misma costa con menos gente. Sus terrazas miran hacia el poniente, así que el atardecer cae del lado de Positano, y de noche lo ves iluminado a lo lejos sin estar en medio.
Cetara
En el otro extremo de la costa, Cetara sigue siendo un puerto de pescadores de anchoa. Ahí se hace la colatura, un líquido ámbar que escurre de las anchoas en sal y que se pone, unas gotas, sobre la pasta. Es lo que queda en la costa del garum que comían los romanos.
Cuando se va el último ferry.
De día, Capri recibe miles de visitantes que llegan en ferry por la mañana y se van por la tarde. Quien se queda a dormir la ve vaciarse, y la Piazzetta cambia de ritmo al caer la noche, con las terrazas todavía abiertas.
Por eso la idea va en barco propio y con dos noches en Capri. Elegimos el barco y el capitán según cuántos son, ajustamos la ruta al mar de cada día, y si el oleaje cierra la Gruta Azul, el día cambia de rumbo hacia otra cala.
Lo práctico
- Barco y alojamiento
- Se proponen cuatro noches en Praiano y dos en Capri, durmiendo en tierra. El barco privado con capitán se cotiza para las salidas y traslados acordados; no se presupone un alquiler de seis días ni noches a bordo.
¿Con quién vas en el barco?
Cuéntanos qué te interesó de esta idea, con quién vas, cuántos días tienes y cuándo quieres viajar. Con eso preparamos tu propuesta inicial de viaje, que no tiene costo.
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