Desde Seceda, sobre Ortisei, las Odle se ven como una fila de dientes. Hace más de 200 millones de años eran un arrecife en un mar tropical, y por eso, si te fijas, en algunas piedras de los caminos se ven fósiles.
Las montañas se ponen rosas al final del día.
En Ortisei, el pueblo principal de Val Gardena, los letreros están en italiano, alemán y ladino, y desde la calle ya se ven las paredes de roca. Un teleférico sale casi del centro y en unos minutos estás arriba, en los prados de Seceda o de Alpe di Siusi, entre cabañas de madera y con las Dolomitas alrededor.
Al final de la tarde, la roca cambia de color, del gris al naranja y después al rosa. En ladino, la lengua que todavía se habla en estos valles, a eso le dicen enrosadira, y se repite cada día despejado, desde el pueblo o desde la terraza del hotel.
Después el viaje cruza los pasos de montaña hacia Cortina, y una de esas noches se duerme arriba, en un refugio, después de que termina el servicio de teleférico. Al final, en un par de horas por carretera, las montañas se quedan atrás y aparece Venecia, al nivel del mar, que después de una semana en las alturas se ve todavía más improbable.
Seceda y Alpe di Siusi.
Es el prado de alta montaña más grande de Europa, y en verano lo cruzan caminos entre cabañas de pastores y vacas sueltas. Para cuidarlo, la carretera se cierra a los coches durante el día, así que se sube en teleférico desde Ortisei o en autobús.
El lago de Misurina y los túneles del Lagazuoi.
Lago de Misurina
Cerca de Cortina, el lago refleja las montañas en el agua quieta, y desde ahí sube la carretera hacia las Tres Cimas de Lavaredo, las tres torres de roca que aparecen en casi cualquier foto de las Dolomitas.
Túneles del Lagazuoi
En la Primera Guerra Mundial, soldados italianos y austriacos excavaron túneles dentro del Lagazuoi para vigilarse y volar la montaña desde adentro. Hoy se baja por esas galerías con casco y lámpara, y en algunas ventanas abiertas en la roca el valle aparece de golpe.
La cena en el refugio.
Al terminar el servicio de teleférico, y desde ese momento en el refugio solo se quedan quienes van a dormir ahí. Las botas se quedan en la entrada, la cena se sirve en mesas largas con quien te toque al lado, y a la mañana siguiente el sol pinta de rosa las montañas mientras el valle sigue en sombra debajo de ti.
Se sube con una mochila chica y el resto se queda en el hotel de Cortina. Las camas se reservan desde el invierno y cada refugio pide algo distinto, así que elegimos el tuyo según cómo caminas y con quién vas, y acordamos una alternativa si el clima impide subir.
Lo práctico
- La noche en refugio
- Una de las tres noches del tramo de Cortina se pasa en refugio; no se suma una décima noche. El acceso, la habitación, la cena y la guarda del equipaje se confirman con el alojamiento.
- Lagazuoi
- Las galerías tienen escalones, oscuridad y terreno de montaña. El descenso por túneles es opcional y requiere casco, lámpara y una valoración del recorrido; también se puede subir y bajar en teleférico durante su operación.
¿Montaña para caminar o para mirar?
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