
Ryōgoku es el barrio del sumo en Tokio. Aquí está el Kokugikan, donde se celebran tres grandes torneos al año, pero la actividad no se limita a los días de competencia. En las calles cercanas están las heya, casas donde los luchadores viven y entrenan bajo la dirección de su maestro. Algunas reciben visitantes durante las prácticas de la mañana, cuando los luchadores repiten movimientos, corrigen posturas y se enfrentan sobre el dohyō, el círculo de tierra donde se combate.
Ver un entrenamiento de cerca es muy distinto a seguir un torneo por televisión. No hay comentaristas ni público celebrando cada encuentro, y el silencio deja escuchar los pies arrastrándose sobre la tierra, las respiraciones y el golpe de los cuerpos al chocar. Los combates duran apenas unos segundos, pero detrás hay horas de repetir los mismos movimientos. Entre un enfrentamiento y otro, los luchadores regresan a sus posiciones y empiezan otra vez.






