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El Fuji visto por la ventana del tren bala, entre Tokio y Kioto
DestinosJapónJapón en familia
Tokio · Hakone · Kioto · 10 noches

Japón en familia

Trenes, personajes y una noche en ryokan. Un viaje para compartir Japón sin que todos tengan que interesarse por lo mismo.

En el andén, todos miran hacia el mismo lado.

Antes de que llegue el Shinkansen, las marcas del andén ya indican dónde se abrirán las puertas y la gente forma filas frente a ellas. Para unos, el tren bala es la manera más práctica de llegar a otra ciudad. Para otros, subirse a uno era de las razones para venir a Japón. Cuando entra al andén, todos se quedan mirando, y es de los pocos ratos del viaje en que nadie tiene que convencer a nadie.

En Tokio, quien tenía ganas de ir a Akihabara puede elegir el primer plan de la tarde. Otro de la familia lo acompaña a ver los videojuegos y acaba buscando el que jugaba de niño. Otro día, quien se quedó mirando el tren en el andén tiene un plan para todos en Kioto, donde se conservan las locomotoras del Museo del Ferrocarril.

Entre esos días de Tokio y Kioto, el viaje hace una pausa de una noche en un ryokan de Hakone. Son diez noches en total, cuatro en Tokio, una en Hakone y cinco en Kioto, con tiempo para que cada quien proponga algo.

Para distintas edades

Del sumo a los videojuegos, en Tokio.

Entrenamiento de la mañana en un establo de sumo, dos luchadores chocando sobre el dohyō y los demás esperando su turno
Ryōgoku · Tokio

Ryōgoku es el barrio del sumo en Tokio. Aquí está el Kokugikan, donde se celebran tres grandes torneos al año, pero la actividad no se limita a los días de competencia. En las calles cercanas están las heya, casas donde los luchadores viven y entrenan bajo la dirección de su maestro. Algunas reciben visitantes durante las prácticas de la mañana, cuando los luchadores repiten movimientos, corrigen posturas y se enfrentan sobre el dohyō, el círculo de tierra donde se combate.

Ver un entrenamiento de cerca es muy distinto a seguir un torneo por televisión. No hay comentaristas ni público celebrando cada encuentro, y el silencio deja escuchar los pies arrastrándose sobre la tierra, las respiraciones y el golpe de los cuerpos al chocar. Los combates duran apenas unos segundos, pero detrás hay horas de repetir los mismos movimientos. Entre un enfrentamiento y otro, los luchadores regresan a sus posiciones y empiezan otra vez.

La calle principal de Akihabara de día, con letreros de tiendas de juegos y figuras y gente caminando
Akihabara · Tokio

Akihabara creció alrededor de las tiendas de radios y componentes electrónicos que aparecieron después de la guerra. Con los años llegaron los videojuegos, las figuras y el anime, aunque el gusto por buscar aparatos difíciles de encontrar sigue presente en sus calles. En las tiendas de segunda mano conviven consolas recientes con cartuchos de los noventa y modelos antiguos de Game Boy, la portátil que Nintendo lanzó en 1989.

Para quienes crecieron con esos juegos, encontrarlos de nuevo trae recuerdos de las consolas que tenían en casa. Al lado de las consolas recientes aparecen pantallas pequeñas de tonos verdes y cartuchos que se reconocen por su etiqueta. Entre los estantes se mezclan distintas generaciones de videojuegos y también las historias de quienes los jugaron, incluso cuando llegaron a la tienda buscando cosas completamente diferentes.

Al aire libre

Fuera de las salas, en Nara y Arashiyama.

La mano de una niña frente a tres venados que se asoman por la valla, en el parque de Nara
Los venados del parque de Nara.

Nara

En Nara, los venados andan sueltos entre los senderos, los jardines y los templos, hasta el santuario Kasuga Taisha. Desde el siglo VIII se les considera mensajeros de las deidades del santuario, y por eso llevan siglos protegidos y siguen ocupando un lugar tan particular en la ciudad.

En los puestos del parque venden las shika senbei, unas galletas que son lo único que se les puede dar. Algunos venados inclinan la cabeza antes de recibir la suya. Otros se acercan en grupo en cuanto ven el paquete y no tardan en rodear a quien lleva las galletas.

Iwatayama · Kioto

Al oeste de Kioto, Arashiyama es río, montaña y bosque, y en una de sus laderas está Iwatayama, un parque de macacos japoneses que andan sueltos. La subida son unos veinte minutos de cuesta, y arriba Kioto se ve entera.

Para darles de comer, la gente entra a una cabaña y les pasa la fruta por la malla de las ventanas. Los monos se quedan afuera y estiran la mano. Ahí, los que están detrás de la reja son los visitantes.

Hakone · 1 noche

La sala que se vuelve recámara.

En una habitación de tatami no hay camas puestas todo el día. Hay una mesa baja donde la familia se sienta a tomar té y a platicar. La cena llega en varios tiempos, con ingredientes de temporada y platos que unos reconocen y otros prueban por primera vez. Después, el personal tiende los futones sobre el piso y la sala se vuelve recámara. Ahí se platica lo que vio cada quien.

Después de Tokio, la noche en Hakone, entre montañas y aguas termales, le cambia el ritmo al viaje. Cada ryokan tiene sus propios baños y su manera de servir, y para una familia se elige según las edades y cómo se reparte el grupo. Aunque toque reservar dos cuartos, la noche sigue siendo de todos.

Sala de tatami de un ryokan, con la mesa baja, los cojines y la ventana al jardín
La sala, antes de tender los futones.

Lo práctico

Sumo y edades
Las visitas a entrenamientos dependen de la heya, sus fechas y sus reglas de silencio, edad y permanencia. Se confirma si esa visita funciona para la familia antes de reservarla.

¿Quiénes viajan?

Cuéntanos quiénes van, qué edades tienen, qué les gustaría conocer y cuándo quieren viajar. Con eso preparamos una propuesta inicial que tome en cuenta los intereses de todos, y no tiene costo.

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