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El gran torii de Itsukushima con marea baja al anochecer, con charcos en la arena y las montañas detrás
DestinosJapónJapón y su historia
Tokio · Kioto · Hiroshima · Miyajima · 11 noches

Japón y su historia

De Tokio a Miyajima, siguiendo lo que cada lugar decidió hacer con su pasado.

Cada lugar guarda su pasado a su manera.

Cuando sube la marea en Miyajima, el gran torii de Itsukushima parece levantarse directamente del mar. Lleva siglos marcando la entrada al santuario, aunque la puerta que vemos hoy se construyó en 1875. Sus pilares no están enterrados en el fondo del mar, y la estructura se mantiene en pie gracias a su propio peso. Antes hubo otras puertas en el mismo lugar, expuestas también al agua y al paso del tiempo.

La ruta comienza con cuatro noches en Tokio y continúa con cuatro en Kioto, desde donde se visita Nara. Después vienen dos noches en Hiroshima y una en Miyajima, antes del regreso. El orden y el tiempo en cada ciudad se ajustan a tus fechas.

Tokio y Kioto

Tradiciones que siguen tomando forma.

La galería junto a Sensō-ji, en Asakusa, con los estandartes de las fiestas del templo y gente pasando
Asakusa · Tokio

En las galerías cercanas a Sensō-ji cuelgan estandartes que anuncian las distintas celebraciones del templo. Entre ellas está Shirasagi no Mai, la danza de la garza blanca, en la que un grupo de bailarines vestidos como estas aves desfila por Asakusa acompañado de músicos y otros participantes con trajes tradicionales. Por su apariencia, la ceremonia podría parecer mucho más antigua de lo que es, pero se presentó por primera vez en noviembre de 1968, para conmemorar los cien años de la era Meiji y del cambio de nombre de Edo a Tokio. Para crearla se tomó como referencia un antiguo rollo ilustrado que conserva Sensō-ji, donde aparecía una ceremonia con garzas vinculada a las plegarias por la paz.

Una viajera entre los torii de Fushimi Inari, con las inscripciones de los donantes en los pilares
Fushimi Inari · Kioto

Los túneles de Fushimi Inari no se construyeron de una sola vez. Desde el periodo Edo, personas y empresas han donado torii al santuario para pedir buena fortuna o agradecer que se cumplió un deseo. En los pilares quedan escritos los nombres de los donantes y las fechas de sus aportaciones. Las fechas dejan ver que esas aportaciones continúan hasta hoy. Así se han reunido miles de puertas a lo largo de los senderos del monte Inari, formando los pasajes naranjas por los que hoy se conoce al santuario.

Kioto y Nara

Lo que sobrevivió a los incendios.

El bosque de bambú de Arashiyama, con una persona al fondo del sendero
El bosque de bambú de Arashiyama, junto a Tenryū-ji.

Tenryū-ji · Arashiyama

El bosque de bambú es uno de los lugares más conocidos de Arashiyama, y junto a su sendero se encuentra la entrada norte de Tenryū-ji. El templo fue fundado en 1339 por Ashikaga Takauji en memoria del emperador Go-Daigo, con quien había estado enfrentado. Desde entonces sufrió varios incendios y buena parte de sus edificios tuvo que reconstruirse, algunos de ellos ya en los siglos XIX y XX.

Lo que ha cambiado mucho menos es el jardín Sōgenchi. Su estanque conserva la disposición que le dio Musō Soseki, el primer abad del templo, y toma las montañas de Arashiyama como parte del paisaje.

El Pabellón Dorado de Kinkaku-ji reflejado en el estanque
El Pabellón Dorado, en Kinkaku-ji.

Kinkaku-ji · Kioto

El Pabellón Dorado que se refleja en el estanque de Kioto no es el mismo que se construyó a finales del siglo XIV. En 1950, un joven monje incendió el edificio, un episodio que años después inspiró a Yukio Mishima para escribir El pabellón de oro. La reconstrucción se terminó en 1955, respetando la forma del anterior, y en 1987 se renovaron la laca y las hojas de oro que cubren sus pisos superiores.

Tōdai-ji · Nara

Cuando Nara era la capital de Japón, en Tōdai-ji se consagró un enorme Buda de bronce que todavía se encuentra en el templo. La ceremonia tuvo lugar en el año 752 y la estatua mide casi quince metros, pero el gran salón que la resguarda no es el mismo de entonces. Los incendios obligaron a reconstruirlo dos veces y, para la última obra, terminada en 1709, ya no había recursos suficientes para recuperar sus dimensiones originales. El edificio actual tiene unos treinta metros menos de frente que el primero.

Hiroshima · 2 noches

La ruina que se decidió conservar.

Antes de la bomba atómica, el edificio que hoy conocemos como el Domo de Hiroshima era un salón de exposiciones de la prefectura, diseñado por el arquitecto checo Jan Letzel e inaugurado en 1915. El 6 de agosto de 1945, la bomba explotó muy cerca de él y dejó en pie parte de sus muros y la estructura metálica de la cúpula. Mientras Hiroshima comenzaba a reconstruirse, surgió una discusión sobre qué hacer con esas ruinas. Para algunos sobrevivientes eran un recuerdo demasiado doloroso, y otros creían que debían permanecer como testimonio de lo ocurrido.

Hiroko Kajiyama tenía apenas un año cuando cayó la bomba. Murió de leucemia en 1960, a los dieciséis, y en su diario se preguntaba si solo ese edificio, tan doloroso de ver, seguiría hablándole al mundo de la bomba para siempre. Sus palabras se leyeron en una reunión y ayudaron a impulsar una campaña de firmas encabezada por jóvenes. En 1966, el ayuntamiento decidió mantener el edificio y desde entonces se han realizado distintas obras para reforzar su estructura y reparar los daños del tiempo sin borrar las huellas del bombardeo.

La historia de los tranvías de Hiroshima cuenta otra parte de aquellos días. Apenas tres días después de la bomba, algunos volvieron a circular por las calles. Dos vehículos que sobrevivieron al ataque, los números 651 y 652, todavía salen a prestar servicio en determinadas ocasiones. Fueron construidos en 1942 y siguen cumpliendo la función para la que fueron hechos.

Miyajima · 1 noche

Nacer y morir en tierra firme.

Durante siglos, las creencias sobre la pureza ritual marcaron la vida de Miyajima. Se consideraba sagrada a la isla entera, por lo que se procuraba que los nacimientos y las muertes ocurrieran en tierra firme. Las mujeres próximas a dar a luz y las personas gravemente enfermas cruzaban desde la isla, mientras que los entierros se realizaban fuera de ella. Esa antigua relación con lo sagrado también forma parte de la historia del santuario de Itsukushima, construido sobre pilotes frente a la orilla.

El paisaje del santuario cambia con las mareas. Cuando el agua baja, queda al descubierto la arena alrededor del gran torii, como aparece en la fotografía de portada. Horas después, el mar vuelve a cubrirla y el agua se extiende bajo los pasillos del santuario. La mayoría de los visitantes regresa a Hiroshima por la tarde, pero pasar una noche en Miyajima deja tiempo para conocer la isla después de que se marcha buena parte de quienes llegaron solo por el día.

El gran torii en el agua, visto entre los pasillos rojos del santuario de Itsukushima
El torii desde los pasillos de Itsukushima, con marea alta.

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